Artículos de opinión

Y en tu casa ¿quién manda?

Des de la ONU se ha insistido que la violencia en contra de las mujeres es una violación de los derechos humanos más generalizada en el mundo.

¿Vivimos en una sociedad igualitaria?

La sociedad que tenemos implica un desequilibrio de poder entre hombres y mujeres en todos los ámbitos de la vida.

Parece que sí vayamos por buen camino, no hay que negar los avances, porqué los hay, pero cuando observas a los jóvenes de hoy en día, vemos que hay muchas conductas que aun fallan y que hay que pulir. Es una sociedad igualitaria falsa, la desigualdad parece camuflada.

¡PUTA!

En muchos aspectos parece avanzar pero en la analítica de fondo sigue habiendo muchas desigualdades.

Se sigue penalizando duramente una sexualidad activa de una joven, en cambio, la de un joven se sigue premiando. Siguiendo en el tema de la sexualidad, cuando nuestros alumnos/as asisten a una charla de concienciación, las chicas parecen ser las únicas responsables de un embarazo no deseado y deberíamos conseguir que los chicos también lo vieran como una problemática que los incumbe al cien por cien.

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Publicidad Sexista. Derechos Humanos.

Lo mismo nos pasa con las películas de Disney. Personalmente he crecido mirando casi todas las películas de Disney y si las analizamos, otro tanto de dominio, poderío, agresividad, exhibicionismo del hombre y la sumisión de la mujer perfecta.

En estas películas observamos que las mujeres no pueden cuidarse por si mismas, el padre las aconseja para buscar un buen marido. Un marido guapo, fuerte, valiente, agresivo, rico, leal, egocéntrico…

La mujer solo debe encargarse de las tareas domésticas y de sus hijas/os. Muchas protagonistas no tienen madre y si alguien las “cuida” es una madrastra malvada.

Nos tratan de sumisas, hogareñas, malas, cariñosas, charlatanas, brujas, cocineras, pero eso si, físicamente guapas, delgadas y jóvenes. Somos una posesión para el hombre.

Os comparto este vídeo que he encontrado por youtube

Machismo y sexismo en Disney

Es horrible ver como cada día se nos da a conocer casos de violencia de género. A mi, como mujer, me duele. El asesinato de una mujer es el resultado más grave de una sociedad marcada por el patriarcado.

¿Violencia de género? ¿Violencia machista? ¿Cómo utilizar correctamente estos términos?

La violencia de género es la que daña a la mujer. La violencia de género es la que resta en el ámbito privado (en la pareja o ex-pareja). La violencia machista es el sistema que rige en la relación de pareja, donde el hombre es el que domina la relación. La violencia machista amplía a los demás ámbitos, donde las mujeres sufren violencia más allá de sus parejas.

La Macroencuesta de violencia contra la mujer (2015) advierte que en episodios de violencia, el 63,6% afirma que los hijos/as lo han presenciado.

Hay que tener muy en cuenta las consecuencias que sufren nuestros hijos/as al vivir situaciones violentas.

Detectaremos problemas en el crecimiento, alteraciones del sueño y alteraciones de la alimentación. Problemas emocionales como ansiedad, ira, depresión, baja autoestima, estrés postraumático, retraso en el lenguaje, miedo a descubrir por si solo su entorno, afectación en el rendimiento escolar, habilidades sociales nulas y/o negativas, agresividad, déficit en el desarrollo de la empatía, entre muchas otras consecuencias negativas.

A menudo, se suele decir que porqué la mujer no hizo todo lo posible para evitar ese tipo de situaciones violentas. ¿A quién estamos culpando otra vez por no haberlo evitado? A la mujer, siempre responsabilizamos de cualquier acto a la mujer, incluso si la relación no funciona también se la culpabiliza. De una manera indirecta se la responsabiliza de la violencia machista.

En el número de teléfono 900 900 120 podemos pedir consejo en caso de no saber como actuar en situaciones de violencia machista.

Otras formas de violencia

He mencionado la violencia de género y la machista pero hay que añadir que dentro de las relaciones tóxicas de pareja pueden aparecer otros tipos de violencia, que a menudo, no les damos tanta importancia como las anteriores.

Socialmente nos han educado para ser sumisas, mandadas, para conseguir un ideal de amor romántico dándolo todo por nuestras relaciones sin tenernos en cuenta. Nos han inculcado que debemos cuidar a nuestro marido y a nuestros hijos/as, algunas incluso de sus padres y/o suegros, dejándonos abandonadas sin cuidarnos a nosotras mismas. Y no pasa nada, es lo correcto, abandonarte a ti misma para poder cuidar a los demás, así nuestra conciencia duerme tranquila cada noche. Si no disponemos de nuestro espacio personal no pasa nada, para eso estamos hechas, lo estamos haciendo bien, estamos dejando de querernos para querer a los demás.

¿Conocéis la violencia económica? ¿Cuántas mujeres dependen económicamente de sus maridos?

Muchas; pero eso no es violencia, llamamos violencia económica cuando los maridos o parejas privan intencionadamente recursos para el bienestar físico o psicológico de una mujer y hasta de sus hijos/as.

¿Por qué llegamos a este tipo de situaciones?

Por el patriarcado, que según Victoria Sau (2011) lo define de la siguiente manera:

“Es una forma de organización política, económica, religiosa y social basada en la idea de autoridad y liderazgo del hombre, en el cual se da el predominio de los hombres por encima de las mujeres, del marido por encima de la mujer, del padre sobre la hija/o y de la línea de descendencia paterna sobre la materna”.

¿Por qué debemos poner el apellido del marido seguido del de la mujer a nuestros hijas/os? ¿Por qué en algunos países se substituye el apellido de la mujer por el del hombre una vez casados? ¿No es hora de romper estos esquemas?

Muchas de nosotras hemos vivido o conocido una casa donde el padre es el que tiene unos ingresos al trabajar. La madre no trabaja, se responsabiliza de las tareas domésticas y de la educación de sus hijas/os, pero eso no es trabajar y menos, tener derecho a estar remunerado (ironía). ¿Y si fuese al revés?

La escuela no se salva de este sistema jerárquico de organización social y hay que trabajar mucho para poder eliminar este tipo de organización.

¡MARICÓN!

¿Cómo?

Incluyendo la coeducación en los centros educativos, trabajando en nosotros mismos, recilcarnos y formarnos siendo críticos para poder cambiar características intrínsecas machistas.

Este tipo de proyectos puede desenmascarar al sistema educativo tan falso que tenemos, así que debe de ser esencial para todos nuestros centros.

Creo que la clave está en el trabajo de las emociones, los jóvenes deben saber gestionar sus emociones y poder hablar de ellas. Pero para cumplir con este objetivo hay que trabajarlo.

A más, un trabajo de prevención. En Cataluña, como en ostras comunidades, hay etablecido un protocolo de intervención (Protocol de Joventut per a l’abordatge de la violència masclista) en el que nos da unas pautas para la detección en caso de violencia machista en las aulas.

El protocolo nos da las siguientes pistas en caso de hacer una actividad dirigida sobre este tema. Al observar que se muestran las siguientes actitudes, hay que estar alerta a una posible violencia machista:

1 – La persona sale rápidamente del espacio donde se ejecuta la actividad.

2 – Cuando la persona responde con una actitud de boicot a la actividad.

3 – Cuando la persona justifica actitudes violentas de las que se habla.

4 – Cuando la persona se expresa nerviosa, atemorizada o avergonzada.

5 – Cuando la persona cambia su actitud y de repente se muestra anímico con la intervención.

6 – Cuando las miradas de los compañeros/as de clase vayan dirigidas a una persona en concreto.

La escuela tiene el deber de romper esquemas, de acabar con los estereotipos y roles característicos de mujeres y hombres.

Debemos enseñar a nuestros jóvenes que hay un nuevo hombre en la actualidad, un hombre de verdad, un hombre que no da pena, un hombre con valores de respeto, tolerancia hacia la mujer, hacia su abuela, a su madre, esposa, hijas, sobrinas, nietas, amigas, vecinas…

Un marido que llora con su mujer al reconocer y exteriorizar sus sentimientos y que no se avergüenza por ello. No hace falta fingir una fortaleza y valentía cuando no la hay ni es necesaria.

Un hombre que se remanga con las tareas del hogar y educa conjuntamente a sus hijos/as. Un hombre cariñoso que comparte sus alegrías, tristezas y miedos. Con esto no digo que no puedan sentir emociones negativas, claro que se pueden sentir, pero hay que saber gestionarlas y no dejarte llevar por la ira, la rabia, la agresividad que llegue a la meta de la violencia. Enseñarles que a lo largo de la historia han habido hombres muy valiosos como Gandhi y Mather Luther King, entre otros.

Hacerles entender la comparativa que cuando valoramos algo material hacemos todo lo posible para cuidarlo y que nos dure mucho tiempo, y que por lo tanto, golpear, maltratar, insultar, menospreciar a una persona, eso no es símbolo de quererla. Y esto es lo que debemos inculcar a nuestros jóvenes des de los centros educativos y por supuesto desde casa.