Relato corto

LAS VOCES

Cuando hace cuatro años entré en la nave, nunca imaginé que la soledad iba a ser la dificultad más grande que encontraría en tan importante misión.
¡Qué duro era pasar las 24 horas del día en la soledad absoluta, sin nadie con quien poder compartir mis preocupaciones, que en los momentos de dificultad y desanimo pudiera animarme! Solo cuando contemplaba la foto de mi mujer y de mi hija sentía una alegría y un cierto alivio.
-¡Qué daría por veros, abrazaros y besaros -dije en voz alta mientras besaba la foto de mi mujer y mi hija- ¡Y pensar que si todo va bien aún tardaré unos cinco años en volver!
Las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos y comprendí que era mejor guardar la foto y concentrarme en mi misión; seguir pensando en mi familia no servía de nada y era una gran tortura para mí.
En poco más de 30 minutos llegaría al planeta que bien podría ser la salvación para mi mundo moribundo. Si todo iba bien tendría las condiciones óptimas para poder, en un futuro próximo, vivir en él. Sólo una duda me preocupaba, ¿qué pasaría si una raza de seres inteligentes fueran sus habitantes; estarían dispuestos a compartir su mundo con mi gente o, por el contrario, nos recibirían hostilmente? Sea como fuese, las órdenes de mis superiores eran bien claras y yo debía acatarlas.
Me senté y cerré los ojos para relajarme y fue entonces cuando oí una voz conocida.
-Cariño, despierta, por favor -me dijo.
Asustado, abrí los ojos y me levanté rápidamente; era la voz de mi mujer y eso no era posible. Sin tener tiempo a reaccionar oí otra voz; esta vez era la de mi hija.
-Papá, abre los ojos -dijo, y luego pareció romper a llorar.
Yo, desconcertado, caí al suelo y empecé a llorar desconsoladamente; creía haberme vuelto loco, algo comprensible al llevar tanto tiempo solo.
Las voces no cesaron y en un momento de extrema locura abrí una de las puertas de la nave y me lancé al espacio. Ese acto suicida no acalló a las voces y, mientras yo me sentía morir… las malditas voces seguían retumbando en mi cabeza.
-Mamá, ¿crees que algún día volverá en sí papá?
-Estoy convencida, hija mía.
Sin decir nada más, madre e hija salen de la habitación 456 del hospital militar, dejando a Juan tendido en su cama en estado de coma; un coma producido por una extraña infección contraída en el planeta X3 en su última misión espacial.