Relato corto

EL EXTRAÑO

Ángel atemorizado no para de mirar por la ventana de su habitación, hace ya días que no sale a la calle y prácticamente se pasa todo el tiempo encerrado en ella. A lo largo de su larga vida nunca se había sentido así, con 85 años nunca hubiera podido imaginar que acabaría recluido en su casa, por temor al extraño que cada día a las cinco desde hacía poco más de un mes intentaba sin éxito entrar en su casa.
-Hoy estoy preparado, si vuelve a intentar entrar acabaré con su vida, lo prometo, no dejaré que me haga daño- dijo Ángel, mientras apretaba fuertemente un cuchillo que tenía sujeto con su mano derecha- no me hará daño, no me hará daño.
Mientras seguía lamentándose, llegó el extraño, se acercó a la puerta y presiono el timbre, el estridente sonido resonó por toda la casa, pero Ángel se mantuvo impávido, como esperando que el extraño se cansara o creyera que no estaba y se fuera, no fue así, sacó su móvil y marcó un número; acto seguido el teléfono que había en la habitación sonó, Ángel aun sabiendo que era el extraño quien estaba llamando, lo cogió y contesto.
-Sé que eres tú, por favor, déjame en paz, vete y no vuelvas más- dijo casi llorando, luego colgó.
Ángel se alejó del teléfono y volvió a mirar por la ventana; el extraño seguía allí, no parecía dispuesto a irse, respiró fuertemente y tomó una importante decisión, quizás la más difícil que nunca había tomado, saldría de la habitación bajaría las escaleras e iría en su búsqueda.
-Debo hacerlo, acabaré con él, y así dejará de atemorizarme.
Salió de su habitación cerró la puerta y por un instante pareció dudar, pero fue solo eso, una duda que pronto se disipó, ya seguro de sí mismo bajó las escaleras y se dirigió a la puerta; detrás de ella, el extraño esperaba a saber con qué intenciones, sin pensarlo dos veces abrió y se abalanzó sobre él, acuchillándolo sin piedad, el extraño cayó al suelo, aún con vida y con las pocas fuerzas que le quedaban miró a Ángel y le preguntó:
-Papa, ¿por qué me has hecho esto?- no pudo decir nada más, no le quedaron fuerzas.
Ángel que sufría Alzheimer pareció no oírle, tiró el cuchillo y volvió a entrar a su casa mientras repetía sin cesar: “Él se lo ha buscado, él se lo ha buscado”